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En la boca de un demonio.

Mientras disfrutaba del clima de verano y la naturaleza de la ciudad de Kitchener en Ontario, el dictador Fidel Castro arremetía contra nosotros, los que habíamos apostado por la libertad, en su discurso del 26 de julio en la ciudad de Cienfuegos. Cienfuegos es coincidentemente mi ciudad natal. Estas fueron algunas de sus palabras textuales y cito del siguiente sitio: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1999/esp/e260799e.html

"Allí les han tolerado a los sempiternos, facinerosos y frustrados enemigos de la Revolución y mercaderes del deporte, tener todas las posibilidades y facilidades para hostigar a nuestra delegación, para exhortar a las deserciones, ofreciendo dinero y maravillas de Las mil y una noches. Se ha llenado aquello de scouts buscando atletas; anuncios por la prensa, de manera sutil o abierta, directa o indirectamente, por la televisión y otros medios masivos, para exhortar a la deserción, y cualquier caso que se produzca, ya saben ustedes de antemano el escándalo que arman. En esas difíciles y hostiles condiciones está compitiendo allí nuestro equipo".


Interesante, que si en realidad los que nos convertimos en libres durante el evento hubiésemos tenido esas facilidades, ninguno hubiera dependido de la ayuda de familiares y amigos. Tampoco habríamos estado a merced de un proceso migratorio largo y estresante para obtener la residencia ya fuera en el mismo Canadá o Estados Unidos a donde quiera que fuimos a parar.


No solo estuvimos en la boca del demonio Castro como individuos, sino que también llovieron sus acusaciones sobre sus tradicionales amigos canadienses. "Ya son dos Norte, el que había y uno un poco más arriba".


Nada de esto es una novedad para muchos de los que me leen, pero para mi es muy triste saber que muchos en el mundo han preferido ignorar la realidad cubana y apoyan a ese régimen genocida. Por eso a esos les dedico estas líneas.




 
 
 

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